Hoy en día se puede cruzar Madrid saltando de franquicia en franquicia.

Luego vuelvo con estos nuevos locales de diseño de los que se puede aprender mucho si entras con los ojos de ver puestos.

Cuando me pasó esto, verano de 1999, no había tantos locales así.

Voy de camino a una entrevista de trabajo.

Es para dar clases de recuperación de matemáticas en una academia.

Y como quiero dar buena impresión me he puesto mi traje, el traje.

El de bodas bautizos y comuniones.

Los chicos lo tenemos fácil, cambias de camisa y de corbata y listo.

Bueno, esto ahora ya no es tanto así, y me parece genial. 

Pero antes sí, riesgo cero.

El caso es que voy con tiempo y me paro a tomar un café.

Entonces había restaurantes, cafeterías y bares.

No teníamos muchas más referencias.

Vale.

Y según entro por la puerta todo trajeado, el camarero me recibe como si fuese un jugador de futbol.

Pase, siéntese aquí ¿Qué va a tomar usted?

Tardé tiempo en entender que me estaba hablando a mí.

Y el trato siguió así hasta terminar mi café y el donut, comprar unos chicles de menta y salir por la puerta.

Me encantó el trato, no lo voy a negar, pero no estaba acostumbrado, eso es todo.

Seguí dándole vueltas un rato más, y luego me puse en modo entrevista.

Fue bastante bien, y me dieron el trabajo.

Así que unas semanas después, necesitaba un café extra y de camino a la academia paré en la misma cafetería.

Esta vez, sin traje, bien vestido. 

Porque me parecía que como profesor tenía que dar buena imagen.

Pero algo normal.

Casual.

Bien.

Pues esta vez, fue todo lo contrario, parecía transparente, tuve que llamar la atención del camarero varias veces.

No entendía muy bien lo que pasaba.

Pero si la última vez dejé propina.

Hasta que entró alguien con traje, entonces lo vi claro.

El mismo trato de la otra vez, pero con la persona que acaba de entrar con traje.

Curioso.

Me dejó pensando de camino a la academia.

Hasta entrar en modo profesor.

Nada que reprochar al camarero.

No tengo toda la información para entender qué pasaba.

¿Quizá algún encontronazo con alguien de traje en el pasado?

No lo sé.

Imposible saberlo, un misterio sin resolver.

Ahora es muy diferente, la oferta es muy variada.

Pero me llaman mucho la atención estos locales que han hecho de algo tan simple como tomar un café toda una experiencia.

No importa si por la puerta entra alguien con traje o con una cresta de un metro de alto.

Da igual.

La atención es la misma, el foco está en la experiencia, y todos tenemos que sacar un ticket para subirnos a la atracción.

Pasamos por delante del mostrado con nombres y etiquetas que llaman la atención.

Se han centrado en hacer de su oferta una fantasía de luz y de color

Tienes que ir decidiendo lo que tomas para no quedar como un cateto.

En cuanto pones un pie en el local, han secuestrado tu atención, me parece de quitarse el sombrero.

Y como es una experiencia, te cobran en consecuencia.

Por el precio del café puedes alquilar un mini espacio para hacer una reunión y quedar muy bien.

O sentarte a trabajar un rato con tu batido y tener la sensación de que formas parte de algo.

Una gran diferencia ¿verdad?

Yo me encuentro cómodo con las dos cosas, un café en vaso largo de cristal y un donut, o un cappuccino latte macchiato y un muffin al cioccolato.

Lo importante es saber qué es lo que le gusta a tus clientes.

Para llegar hasta ellos y contarlo con algo de gracia si puede ser y en el momento adecuado.

Podemos empezar la experiencia incluso antes de poner un pie en el local.

Y esto vale para cualquier tipo de negocio creo yo.

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Jesus Parrado Alameda Web 300 225

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Todo ha salido bien.

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