No conocí a mi bisabuelo, Jesús el Clavellino, por lo visto era un hombre muy guapo.
Le llamaban El Clavellino por la flor (Mirabilis Jalapa).
No sé cómo sería el canon de belleza de la época.
Lo mismo le faltaban dientes, no lo sé.
Pero estamos hablando del campo, entorno rural, La Mancha.
Lo mejor que te pueden decir de mote es mierda seca.
Así que, si le llamaban El Clavellino, debía ser un Brad Pitt rural.
Aunque como solo lo conocían en su pueblo y en los de alrededor, allí se quedó.
Muy guapo, sí, pero en su pueblo.
Y no pasa nada, tan contento, lo más seguro es que él era feliz así.
Además, entonces el mundo no estaba tan conectado como ahora.
Por otro lado, está mi abuelo Rufino, con un mote mucho más feo, fue más aventurero, llegó más lejos.
Esto me hace pensar que la belleza abre puertas, es verdad, pero que es tu actitud la que te hace ponerte enfrente y llamar.
Esto es algo de lo que todos podemos aprender y poner en práctica.
¿Quieres sentirte tan guapo como mi bisabuelo Jesús El Clavellino?
Deja de pensar en lo que no tienes o eres, y empieza a pensar en lo que sí tienes y eres, aquello que otras personas aprecian de ti.
Eso te hace sentir mejor al instante. Más guapo.
Y si no te lo crees, haz la prueba frente al espejo.
Admira una a una las cosas buenas que tienes.
Y todos tenemos cosas buenas.
Te verás guapo en segundos.
Esto es muy útil para vender o venderte.
Si vendes productos o servicios, lo más normal es que busques el beneficio para tus clientes.
Por estadística ahí fuera hay personas a las que no les vas a gustar, ahí no hay que insistir.
Pero también hay a las que les vas a gustar, incluso mucho, muchísimo, porque eres justo lo que están buscando.
Y en eso es en lo que tenemos que centrarnos.
Ya solo queda resolver la parte de que sepan que existes.
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Que tengas un gran día.







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