A veces hacemos cosas sin saber muy bien por qué las hacemos.

 

Esto puede salir bien o no.

 

Mira.

 

Cuando era pequeño, siete u ocho años creo.

 

Se puso de moda hacer una broma en el recreo.

 

Entonces lo llamábamoshacer el vacío”.

 

Ahora hay otras maneras de llamarlo, pero el resultado es el mismo.

 

No recuerdo cómo llegó esta moda.

 

¿Un hermano mayor?

 

Los padres comentando sus cosas del trabajo delante de un niño en modo esponja.

 

El caso es que se propagó como la pólvora.

 

Primero como un juego. 

 

Unos cuantos se ponían de acuerdo, y durante un tiempo ignoraban a un niño o una niña con la que tenían una relación normal.

 

La sorpresa y luego agobio del que recibía la broma, al principio era divertido.

 

Aunque a mí nunca me lo pareció.

 

Algunos pedían que le hiciesen el vacío.

 

¿Te lo puedes creer?

 

A mí todo vació de más de un minuto me parecía una crueldad innecesaria.

 

Sobre todo con un compañero de clase con él que hasta hace un rato jugabas con normalidad.

 

Bien.

 

Ya te puedes imaginar el resultado.

 

Una broma en principio inocente. 

 

Pronto se volvió un arma arrojadiza.

 

Cada vez el vacío duraba más tiempo.

 

Alianzas se creaban y destruían de un día para otro.

 

Un juego de tronos en el patio del recreo.

 

Un juego que observaba sentado en las escaleras porque no quería participar.

 

Esto no me hace ni mejor ni peor.

 

Me quedé mirando desde una colina segura.

 

¿Mi trono de piedra quizás?

 

 

Para cuando los profesores quisieron reaccionar, el daño ya estaba hecho.

 

Y aunque hicieron su trabajo, y volvimos a los juegos de siempre.

 

Ya nada fue igual.

 

Donde antes había un grupo de críos jugando y riendo confiados.

 

Ahora había juego sí, pero la confianza se había ido, envasada al vacío.

 

 

Yo bajé de mi colina, pero el recreó que me encontré ya no era el mismo.

 

 

No sé si tiene relación con esto.

 

Pero.

 

Si cuando ya estás dentro quieres cerrar la puerta para que no entre nadie más, lo entiendo, pero no te podré ayudar.

 

Si cuando estás dentro quieres echar a los demás, me parece bien, quédate en tu vació particular.

 

 

Pero si te gusta sumar, si te gusta incluir, me gusta que te guste.

 

Porque prefiero tender puentes con lo que tengo a mano.

 

Palabras.

 

Tecnología.

 

Datos.

 

Y crear espacios donde el que viene se siente bien y se quiere quedar.

 

 

Si crees que esto puede ser bueno para tu negocio te puedo ayudar, es en este enlace de aquí.

 

 

P.D. Si no tienes la mente y el corazón envasado al vacío lo de arriba te puede interesar.

Jesus Parrado Alameda Web 300 225

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Todo ha salido bien.

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